Todos sabemos lo frustrantes que pueden ser las entrevistas de trabajo. Llegamos a casa hechos polvo y nos pasamos los días controlando el teléfono. Por eso vale la pena que de vez en cuando nos las tomemos a risa y nos relajemos un poco. Yo he tenido algunas de lo más surrealistas, igual que mis amigos, y cuando las recordamos ahora, siempre acabamos de buen humor. Espero que tú también y, si de paso, te sirve de ayuda la información de este blog, mucho mejor.

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domingo, 20 de febrero de 2011

¿Una prueba o trabajo por el morro?

En una ocasión me presenté a un anuncio en el que pedían un free lance para corregir una enciclopedia; creo que una versión abreviada de la Larousse. Después de esperar un buen rato, pues ya había unas diez personas allí cuando llegué, me hacen pasar y me explican que para la prueba me tengo que llevar a casa 50 páginas y devolverlas corregidas en una semana. Digo que sí a todo y cuando salgo a la calle, me da por hacer un cálculo mental de la cantidad de personas que podrían haberse llevado ese mismo trabajo a casa y las multiplico por 50. ¿Resultado? Esta gente acaba con la enciclopedia corregida por el módico precio de 0 euros en el plazo récord de una semana. Y todo con una calidad inmejorable, pues está claro que los candidatos se van a mirar el texto con lupa. Ya sé que no es muy ecológico, pero mis 50 páginas acabaron en la primera papelera que encontré.

lunes, 20 de diciembre de 2010

"Se necesitan extras"

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CC imagen de xTrish en Flickr

No hace mucho vi un anuncio en mi barrio en el que pedían extras para una película que se iba a rodar muy cerca. Convencí a una amiga para que me acompañara y así, si no nos cogían, al menos nos habríamos reído un rato. Como era de suponer, medio barrio se había enterado, de modo que la cola era de proporciones considerables. Aproximadamente una hora después de llegar, me toca mi turno y lo primero que hacen, sin preguntarme ni el nombre, es colocarme una cámara en la nariz y hacerme una foto. Vamos, que aquello más que un primer plano parecía un intraplano. Hago un esfuerzo por no perder el humor hasta que después de un escueto "gracias", me señalan con el dedo una mesa donde espera un chico con un portátil. Este quiere saber mi edad, talla de ropa –y aquí no vale mentir porque te arriesgas a quedarte sin vestido para la peli– y si tengo coche, ya que en la escena en cuestión hay una serie de conductores atrapados en un atasco de tráfico. Desde el primer momento intuyo que es la respuesta más importante de la entrevista, pero para mi desgracia, tengo que contestar negativamente. Más tarde me enteré de que la gran mayoría de los que cogieron tenían vehículo. ¿Por qué no empezaron por ahí entonces?